L’escriptor britànic Tom Sharpe elogia públicament Clínica Girona

Des del seu retir de Llafranc, on resideix des de fa 22 anys, Tom Sharpe ha remès una carta a La Vanguardia. En ella, l’escriptor i humorista britànic, autor de supervendes com Wilt, lamenta les retallades en la sanitat pública catalana, un sistema que coneix i aprecia des de fa molts anys, ja que s’ha beneficiat d’ell en reiterades ocasions, i lloc que ho considera com un dels millors del món.

TOM SHARPE
Llegué a Catalunya en 1989 y me instalé, durante seis años, en el hotel Llevant de Llafranc. Padecí algunos problemas de salud y fui atendido por el doctor Mas, en Begur, siempre de manera excelente. Más tarde, en 1995, compré una casa en Llafranc. Debido a la ineficacia de la medicina británica me había convertido en un minusválido: un médico en Cambridge me diagnosticó una simple torcedura de tobillo y me recomendó andar y andar, asegurándome que así sanaría mi tobillo. Anduve durante seis meses, pese al terrible dolor que eso me producía. Pasado ese tiempo, fui a Barcelona, donde Montserrat Verdaguer y Montse Figuerola, mis doctoras, me aconsejaron consultar al profesor Rotes. En su larga carrera – según me dijo-,tan sólo había examinado otro caso de tendón tibial posterior roto en tan mal estado. De haber sido tratado adecuadamente, añadió, a esas alturas ya hubiera estado curado. Se mostró sorprendido de que no me hubieran atendido del modo correcto de inmediato.

Recientemente he leído en la prensa noticias muy sorprendentes y preocupantes. Y eso es lo que me lleva a pensar que si los excelentes equipos médicos catalanes y su modo de trabajar están ahora en peligro, debido a las nuevas decisiones gubernamentales y al despido de la doctora Figuerola, quizás yo deba volver a mi país e instalarme en Cambridge. Eso sería lo peor que podría ocurrirme. La medicina catalana es la tercera mejor del mundo. ¿Cómo es posible que ahora se permitan echarlo todo al traste? He vivido en Áfricay en Gran Bretaña. Me siento autorizado a decir, gracias a mi experiencia, que la mejor medicina es la que se produce en Catalunya. ¿Vamos a permitir que todo eso se pierda?

He aconsejado a todos mis amigos que se compren una casa en Tom Sharpe Llafranc. Yo resido aquí. Puedo asegurar que en ningún otro lugar del mundo he recibido un tratamiento de calidad similar al que me han dispensado en Palafrugell, en el hospital de Palamós o en la Clínica Girona.

A mis 83 años sufro diversos problemas que han requerido tratamiento médico. Me han dicho que, pese a mi edad, conservo un estado de salud razonable, y no dudo en atribuirlo a la excelencia del trato médico recibido, que por cierto me ha permitido seguir escribiendo hasta ahora. ¿Vamos a echar todo eso por la borda?

No puedo creerlo. Y me resisto a creerlo.

Recientemente, por ejemplo, animé a un viejo amigo que había perdido una pierna a que se tratara en Catalunya. Yo me hice cargo de los gastos. Se trata de un antiguo profesor de Oxford que ahora vive en Sudáfrica. Me hizo caso y vino a Catalunya acompañado por su esposa, una profesora de origen ruso. Llegó en silla de ruedas y se fue andando. Acudió a la consulta de la doctora Avinyó, en el hospital de Palamós, que le recomendó que visitara el centro de ortopedia Xixu, en Ullà, donde se le proporcionó una prótesis de rodilla equipada con un sofisticado mecanismo electrónico. Gracias a esa prótesis, mi amigo camina ahora perfectamente, sin necesidad de bastón, por las calles de Ciudad del Cabo.

Lo digo de veras: espero que nada destruya el excelente sistema catalán de salud, ni a sus excelentes equipos profesionales, que han trabajado tan bien y con tanta entrega durante tantos años.

La Vanguardia, 12 d’abril de 2011


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Font: La Vanguardia

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